La pregunta que más se repite en los foros de maestros cuando se habla de la NEM no es sobre planeación ni sobre evaluación. Es esta, formulada de distintas maneras pero con el mismo fondo de angustia:
¿Qué se supone que tengo que enseñar de ciencias ahora?
Es una pregunta legítima. El nuevo modelo eliminó las materias separadas y distribuyó los contenidos en campos formativos, lo que para muchos maestros significó perder una guía clara sobre qué enseñar, cuándo y cómo. Este artículo responde esa pregunta y las que normalmente vienen después.
¿Las ciencias naturales desaparecieron de la primaria con la NEM?
No desaparecieron. Se integraron.
Lo que cambió es que los contenidos que antes estaban en el libro de Ciencias Naturales ahora forman parte del campo formativo de Saberes y Pensamiento Científico, junto con las matemáticas y otros saberes relacionados con la exploración del mundo natural y social.
Eso tiene una implicación práctica importante: ya no se espera que enseñes ciencias como un bloque separado con su propio horario y su propio libro. Se espera que los contenidos científicos aparezcan integrados en los proyectos que trabajas con tu grupo, conectados con situaciones reales y con los saberes de la comunidad.
Para algunos maestros eso es una liberación. Para otros es una fuente de confusión real. Ambas reacciones son válidas y las dos tienen su respuesta en cómo interpretes los Programas Analíticos de tu grado.
¿Qué contenidos de ciencias naturales corresponden específicamente a Fase 3?
Los Programas Analíticos de Fase 3 organizan los contenidos científicos alrededor de tres grandes temas que se trabajan de forma progresiva en primero y segundo de primaria.
El primero es el cuerpo humano y la salud. Los niños exploran las partes del cuerpo, las funciones básicas de los órganos de los sentidos, los hábitos de higiene y alimentación, y la relación entre las decisiones cotidianas y el bienestar físico. Esto conecta directamente con el eje de vida saludable que articula estos aprendizajes.
El segundo es los seres vivos y su entorno. Las plantas, los animales, los ecosistemas cercanos a la escuela, las relaciones entre los organismos y su ambiente. La idea no es memorizar clasificaciones taxonómicas sino observar, preguntar y entender que todos los seres vivos tienen necesidades y que están conectados entre sí.
El tercero es la materia y sus propiedades. Los estados del agua, las mezclas, los materiales del entorno y sus características. Lo concreto, lo observable, lo que se puede tocar y experimentar en el salón o en el patio.
Esos tres temas no tienen un orden obligatorio ni una distribución horaria fija. Lo que sí tienen es una intención común: desarrollar en el niño una actitud de observación sistemática y de curiosidad ante el mundo natural.
¿Cómo integro los contenidos de ciencias en el Proyecto Aula sin que se pierdan?
Este es el desafío práctico más común. Los maestros que llevan tiempo con la NEM reportan que los contenidos de ciencias tienden a diluirse cuando se integran al proyecto, especialmente cuando el proyecto tiene un tema más cercano a las ciencias sociales o al lenguaje.
La solución más efectiva es planear los contenidos científicos de forma intencional antes de arrancar el proyecto, no esperar a que surjan solos. Si tu Proyecto Aula es sobre la comunidad, puedes incluir deliberadamente una exploración del agua de la región, de las plantas que crecen en el barrio o de los animales que conviven con las personas. Si el proyecto es sobre la familia, puedes incorporar los hábitos de salud y alimentación como parte del tejido del proyecto.
La integración real no significa que los contenidos científicos desaparezcan en el fondo: significa que aparecen donde tienen sentido narrativo dentro del proyecto, con suficiente profundidad para que el aprendizaje sea real.
¿Necesito hacer experimentos para cubrir los contenidos de ciencias?
Los experimentos son una herramienta muy efectiva pero no la única. Los Programas Analíticos de Fase 3 hablan de exploración, observación y formulación de preguntas, que no siempre requieren un experimento formal.
Una salida al patio a observar insectos durante quince minutos es exploración científica. Una conversación guiada sobre por qué nos lavamos las manos antes de comer es ciencias aplicadas a la vida saludable. Una discusión sobre qué le pasaría a una planta si no la regamos es razonamiento científico sin un experimento en vista.
Los experimentos son especialmente valiosos cuando hay una pregunta genuina que responder y cuando el resultado no es completamente predecible. Cuando el experimento se hace solo para “ver que pasa lo que el libro dice”, pierde mucho de su valor pedagógico. La pregunta genuina es el requisito, no el procedimiento.
¿Cómo evalúo los aprendizajes de ciencias en Fase 3 sin examen?
La evaluación de los contenidos científicos en Fase 3 funciona mejor como documentación del proceso que como medición del resultado. Lo que buscas registrar no es si el alumno sabe la respuesta correcta sino cómo observa, cómo formula preguntas, cómo registra lo que ve y cómo lo comunica.
El cuaderno de científico que mencionamos en el artículo sobre experimentos es el instrumento de evaluación más honesto que puedes usar. Una comparación entre el registro del alumno al inicio del ciclo y el de finales del año muestra con claridad si desarrolló una actitud más sistemática, un vocabulario más preciso y una mayor capacidad de formular preguntas. Eso es lo que los Programas Analíticos están buscando en este campo formativo.
¿Qué hacer cuando los alumnos tienen creencias familiares que contradicen la ciencia?
Esta es una de las situaciones más delicadas y más frecuentes en las aulas mexicanas. Un niño trae la idea de que los eclipses dañan a los bebés que están en el vientre. Otro dice que las plantas crecen porque les hablas con cariño. Otro afirma que su abuela cura los males de ojo con un huevo.
La respuesta no es corregir esas creencias directamente ni ridiculizarlas. La respuesta, que es también la más alineada con el espíritu de la NEM y con el eje de interculturalidad crítica, es crear espacio para explorar las dos formas de conocer: el conocimiento científico y el conocimiento tradicional.
¿Qué dice la ciencia sobre los eclipses? ¿Qué dice la tradición familiar? ¿En qué se parecen? ¿En qué se contradicen? ¿Cómo sabemos qué creer? Esas preguntas no solo desarrollan el pensamiento científico sino también el pensamiento crítico en su forma más rica: la capacidad de sostener la complejidad sin necesitar resolver todo en blanco y negro.
El contenido que más se descuida y que más impacto tiene
De todos los contenidos del campo de ciencias naturales en Fase 3, el que más consistentemente se trabaja de forma superficial es el cuerpo humano. Se mencionan las partes, se hace el dibujo, se aprenden los órganos de los sentidos, y ahí termina.
Lo que raramente se trabaja con la profundidad que merece es la conexión entre el cuerpo, las decisiones cotidianas y el bienestar. ¿Qué le pasa al cuerpo cuando no duerme suficiente? ¿Por qué sentimos hambre? ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando tenemos miedo? ¿Por qué duele cuando nos golpeamos?
Esas preguntas, que parten de experiencias que todos los niños han tenido, son las que hacen que el estudio del cuerpo humano sea relevante y no solo memorístico. Y conectan directamente con el eje de vida saludable que la NEM pone como articulador de estos aprendizajes en Fase 3.
Para más información sobre el programa educativo, visita la Nueva Escuela Mexicana.
